En su discurso en el 52.º Festival de la KNE, Dimitris Koutsoumpas, Secretario General del Comité Central del KKE, señaló, entre otras cosas:
La historia no terminó con los golpes contrarrevolucionarios de los principios de la década de los 90, por mucho que así lo proclamaran entonces los vencedores provisionales. Del mismo modo que la Tierra no dejó de girar porque así lo decidiera en su día la Inquisición.
Las guerras no han pasado a ser cosa del pasado ni lo serán hasta que se elimine la causa que las provoca. Es decir, el sistema del lucro, de la competencia y del desarrollo desigual, el capitalismo, que desde hace más de un siglo se encuentra en su etapa imperialista.
La correlación de fuerzas no es eterna ni inmutable. Los “imperios” pasan a decadencia y otras potencias reivindican ser líderes de la misma forma en que siempre ha ocurrido esto en la historia de los sistemas de explotación: con las luchas, los sacrificios y la sangre de los pioneros, de los pueblos.
Las supuestas “alianzas sólidas”, que se basarían supuestamente en “principios y valores comunes”, se han venido abajo. Porque, en realidad, su único “valor común” es la búsqueda del beneficio de sus monopolios.
Sin embargo, esto unas veces genera convergencias y otras veces enormes contradicciones. Los ejércitos supuestamente invulnerables y todopoderosos están afrontando dificultades por todas partes… No pueden alcanzar sus objetivos, se quedan mirando sus bases y sus “domos” probándose insuficientes, así como a un nuevo equilibrio de fuerzas surgiendo.
El mercado capitalista, que supuestamente “cuenta con los mecanismos para regularlo todo”, va de una crisis a otra sin llegar nunca a superar la causa más profunda de estas crisis: La contradicción entre una producción cada vez más social y la apropiación de sus resultados por parte de un número cada vez más reducido de personas.
Ya están preparando a los pueblos para que sean ellos quienes paguen la “tormenta perfecta” que se avecina. Sin embargo, las condiciones para esa tormenta las vienen configurando desde hace tiempo sus enormes beneficios, la política estatal de fomento de las inversiones, las acciones que suben en las bolsas con cada bomba que arrasa un bloque de viviendas en Ucrania, en Gaza, en Irán y en otros lugares.
Pero sus mitos derribados no terminan aquí. ¿Quién se atreve hoy a afirmar que la OTAN, los EE.UU. o la UE apoyarán a Grecia en caso de un incidente grave o un enfrentamiento bélico con Turquía, que también forma parte de la OTAN? Probablemente nadie.
Porque ya no se puede ocultar en absoluto que las inaceptables impugnaciones y reivindicaciones del Gobierno de Erdogán cuentan con el “respaldo” de esos “poderosos aliados”, que ven en Turquía a un importante socio económico y militar.
Y ahora que las supuestas “aguas tranquilas” también han resultado ser un mito de la OTAN y el señor Mitsotakis ha constatado que “los mares están un poco agitados”, el nuevo discurso es que ¡la integridad territorial y los derechos soberanos del país están garantizados por la alianza estratégica con el Estado —terrorista— de Israel! Menuda suerte...
Pero, si nos sirve de algo recordar los cuentos de hadas que nos han contado en el pasado es para que no creamos sus cuentos de hadas actuales, como el anterior…
Por supuesto, no es solo un cuento, sino también una ofensa al pueblo y a la juventud escuchar a la ND, al PASOK, al partido de Tsipras, a Velopoulos y a otros decirles al unísono que supuestamente su “interés” es alinearse con los criminales y asesinos del pueblo de Palestina, del Líbano, de Irán y de Siria, ¡e incluso competir por ver quién fue el primero en sentar las bases de la alianza con ellos!



