El pueblo venezolano es “afortunado”... Su país tiene las mayores reservas de petróleo del mundo y “está sentado” sobre una auténtica mina de oro que podría garantizar la suficiencia energética —y no solo eso— del país y proporcionarle combustible y electricidad baratos...
El pueblo de Groenlandia es también “afortunado”. Su país cuenta con enormes reservas de tierras raras, fundamentales en la era de las nuevas tecnologías. Su ubicación geográfica lo convierte en un país clave para la explotación de la riqueza del Ártico y para las nuevas rutas marítimas, ahora que los hielos se derriten y surge el corredor norte.
El pueblo ucraniano también era “afortunado”. El país del “granero de Europa”, cuenta con un enorme potencial productivo que podría garantizarle la autosuficiencia alimentaria, productos baratos y de calidad. Tiene una red de oleoductos que convierte a Ucrania en un hub energético, y una ubicación geográfica “muy codiciada” y una extensa costa en el Mar Negro.
En los últimos días, estos países han dominado las noticias a nivel internacional...
En el caso de Venezuela esto se ha hecho a través de la intervención estadounidense que ha dado lugar a una nueva situación política que alinea a Venezuela con los intereses estadounidenses. La primera medida fue asegurar la riqueza energética del país en beneficio de EE.UU., que obtuvieron acceso al petróleo pesado venezolano. Además de controlar las ventas a sus competidores, EE.UU. adquiere reservas energéticas fundamentales para la preparación bélica, amplía y blinda su espacio “vital” en el hemisferio occidental.
Por las mismas razones, Groenlandia está en el punto de mira de EE.UU.. Se considera vital para la defensa regional frente a Rusia y China al tiempo que ofrece un punto de apoyo para controlar una mayor parte del Ártico. Además, es una mina de oro en cuanto a sus reservas minerales, cuyo control es decisivo en la lucha por la primacía mundial.
En el caso de Ucrania, la situación es bien conocida. El granero ya pertenece a los gigantes estadounidenses y europeos del sector agroalimentario, al igual que la riqueza mineral. El país ha sido devastado por la guerra imperialista que dura ya muchos años, gran parte de su territorio ha sido ocupado por la Rusia capitalista y los imperialistas occidentales compiten por repartirse el botín, mientras el pueblo paga el precio de una guerra que continúa.
¿Pueden los pueblos de estos tres Estados considerarse afortunados? Son tan “afortunados” que sufren intervenciones imperialistas, guerras, destrucciones, amenazas y chantajes, precisamente por su riqueza y su ubicación en el mapa.
En nuestro país, el gobierno y todas las fuerzas euroatlánticas destacan la posición geoestratégica de Grecia en las rutas comerciales y energéticas, y apoyan unánimemente el objetivo de la burguesía de convertirse en un “puente” entre Oriente y Occidente. El descubrimiento de reservas energéticas en el mar Jónico y el Mediterráneo Oriental genera grandes expectativas en los monopolios griegos y “aliados”.
El pueblo griego también forma parte del club de los “afortunados”.
A aquellos que intentan ignorar la peligrosa realidad, invocando la “relación estratégica” de Grecia con EE.UU. y el hecho de que nuestro país es miembro de la OTAN, les recordamos que Dinamarca es miembro de esta alianza imperialista desde 1949 y que la cooperación militar con EE.UU. se encuentran en el nivel más alto posible. En Groenlandia hay una base estadounidense, mientras que las tropas danesas han participado en la intervención imperialista estadounidense en Irak y Afganistán.
La desgracia para los pueblos de todo el mundo capitalista es que la burguesía tiene el poder en todos los países. Esta posee y explota la riqueza mineral para su propio beneficio, se beneficia de la posición geoestratégica en el comercio y la energía, y busca mejorar su posición mediante la participación en alianzas imperialistas, como la UE y la OTAN. Y cuando chocan los intereses competitivos, no hay crimen contra los pueblos que el imperialismo dude en cometer.
Por lo tanto, hay solo una forma de que los pueblos disfruten de la riqueza y todas las demás “ventajas” que tienen sus países: tienen que derrocar a la burguesía y liberar a sus países de las alianzas imperialistas, tomar el poder y las riendas de la economía en sus manos. Este es el “llamamiento de la Historia” en la época en que vivimos, en la que la posibilidad de un nuevo conflicto imperialista generalizado es más fuerte que nunca.
Artículo publicado en la columna Nuestra Opinión en el díario Rizospastis, martes 20 de enero de 2026
