6. El 7o Congreso de la Internacional Comunista adoptó la estrategia de los Frentes Populares Antifascistas, que tanto antes como después de la Segunda Guerra Mundial reivindicaron el gobierno en el marco del capitalismo, en el primer período como medio de defensa contra el auge del fascismo, y en el segundo período como forma de transición al poder obrero.
Antes de la guerra, los Partidos Comunistas con los “Frentes” buscaron la cooperación con fuerzas políticas socialdemócratas, incluso con fuerzas democrático-burguesas, con el fin de aislar a las fuerzas burguesas fascistas e impedir su dominación en cada país. Al mismo tiempo, el conjunto de los PP.CC en aquel período, al concentrar su lucha exclusivamente contras las fuerzas fascistas no solo no apuntaba contra el conjunto de las fuerzas burguesas y los estados capitalistas que participaban en la explotación de la clase obrera y en la guerra, sino además las hacían pasar por antifascistas en la conciencia de fuerzas obrero-populares. No obstante, durante la guerra, los PP.CC buscaban una cooperación, incluso gubernamental con estas fuerzas una vez acabada la guerra. Por lo tanto, los PP.CC no lograron vincular la lucha armada antifascista de liberación con la lucha por la conquista del poder obrero.
Un ejemplo característico es nuestro país, Grecia, que hace 80 años fue librado de las tropas nazis gracias a la grandiosas victorias del Ejercito Rojo, así como gracias a la contribución del movimiento de resistencia armada, antifascista, de liberación, y sus organizaciones, como el Frente de Liberación Nacional (EAM), el Ejército Popular de Liberación (ELAS) y otras organizaciones de resistencia armadas formadas por iniciativa del KKE. Sin embargo, a pesar de este grandioso movimiento de resistencia masivo y armado y el hecho de que durante el período de la liberación, en octubre de 1944, en Grecia se crearon las condiciones de una situación revolucionaria, es decir condiciones de sacudida del poder burgués, con una crisis económica y política generalizada, con una debilidad en el funcionamiento de los mecanismos de represión y de las instituciones de gobernanza que tenía la burguesía en Grecia, el movimiento obrero-popular no logró vencer. Y esto sucedió porque nuestro Partido no logró desarrollar conscientemente y de manera planificada la lucha armada antifascista de liberación en revolución socialista, sino que quedó atrapado en la línea de la unidad nacional y de la formación de un gobierno de las fuerzas antifascistas. Esto dio la oportunidad a la burguesía (que superó los viejos conflictos entre pro-británicos y pro-alemanes ante el miedo de perder su poder) y sus aliados británicos y estadounidenses a desatar un ataque político-militar general contra el KKE y el movimiento obrero-popular para estabilizar el poder burgués sacudido. En el marco de este ataque, las llamadas fuerzas democrático-burguesas no dudaron en utilizar a los antiguos colaboradores de los nazis. La lucha heroica de tres años del Ejército Democrático de Grecia (DSE) no consiguió frustrar esta planificación.
Pero incluso en los países europeos donde la política del frente antifascista concluyó a la participación de PP.CC en gobiernos de coalición de posguerra, esta política no solo no fue el primer paso para una transición al poder obrero, sino que fue utilizada para garantizar el consenso de las fuerzas obrero-populares más avanzadas en particular hasta que se estabilizara el poder capitalista. Luego, los PP.CC fueron expulsados por todos los gobiernos.
7. Es importante ver por qué hoy en toda Europa, así como más allá de esta, el sistema capitalista recurre a tales apoyos nacionalistas, racistas y fascistas para ponerse en pie. El hecho de que recurre a estos es incuestionable ya que ante nuestros propios ojos se desarrolla el apoyo económico de tales fuerzas por sectores del capital, por fuerzas de sus mecanismos de represión, como la policía y las fuerzas armadas, así como la propagación y presentación de tales fuerzas supuestamente como “antisistémicas” por los grandes medios de comunicación “sistémicos”.
Resulta evidente que tales fuerzas se utilizan por las clases burguesas como el “perro guardián” del sistema, pero también como “punta de lanza” a expensas del movimiento obrero y popular. La percepción que se está fomentando en las filas del movimiento comunista internacional de que el fascismo es “exportado” de EE.UU., que se califica como una potencia “fascista” o “pro-fascista”, es totalmente errónea y carece de base histórica.
8. Cabe destacar que el KKE, al estudiar la historia de la Comintern, evaluó que la división de los estados del sistema imperialista internacional en “fascistas”- “pro-guerra” y en “democráticos”- “pro-paz” era errónea y perjudicial. De hecho, esta división predominó en las filas de la Comintern antes de la Segunda Guerra Mundial. Actualmente, algunas fuerzas del movimiento comunista internacional emplean de nuevo esta división errónea que oculta tanto la naturaleza clasista de los regímenes burgueses, como la causa del nacimiento y del fortalecimiento de la corriente fascista, que está en el propio capitalismo monopolista y el servicio de los intereses capitalistas en cada país. El KKE ha sacado lecciones de la Historia y no comparte esta aproximación de división de las fuerzas imperialistas en malas (“fascistas”, “neo-fascistas”) y en “buenas”, ni tampoco a llamamientos para la formación de “frentes antifascistas” en dirección aclasista, es decir en alianzas sin criterios socio-clasistas, sino con todas las personas “progresistas y honestas”, como dicen. Tales aproximaciones y llamamientos conducen al movimiento comunista y la clase obrera a su desarme, a renunciar su misión histórica y a formar una línea de supuesto “saneamiento” del imperialismo de las “fuerzas fascistas”. Al mismo tiempo, ofrece una coartada a las llamas fuerzas burgueses “democráticas” y “pro-paz”.
9. Para la justificación de la anterior aproximación errónea, se hace una especulación en base a la definición de G.Dimitrov del fascismo en el 7o Congreso de la Comintern como “...una dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero”. Estimamos que el 7o Congreso separaba absolutamente el “poder” del capital financiero de los intereses del capital industrial. Respectivamente distinguía claramente los Estados capitalistas en fascistas y democráticos. Como consecuencia de esta distinción, se encubrió con un manto ideológico la alianza del movimiento obrero y comunista con un sector de fuerzas y Estados burgueses, y se debilitó la preparación de clase contra la clase oponente, como vimos anteriormente.
Hoy día, hay quienes recurren a aquella definición del fascismo ignoran selectivamente el hecho de que la Internacional Comunista antes de esta definición del fascismo había señalado otra definición en su Programa (1928) en la que destacaba entre otras cosas que “este proceso de ofensiva de la reacción burgués imperialista adopta, en condiciones históricas determinadas, la forma del fascismo”, mientras que los rasgos del fascismo se presentan en detalle en la Resolución sobre la situación internacional en el 6o Congreso de la Internacional Comunista (1928). Además se ignora que la definición conocida de Dimitrov en 1935 se dio bajo ciertas condiciones históricas, cuando las potencias imperialistas planeaban la desaparición del único Estado socialista en el mundo, mientras que por su parte la URSS buscaba crear grietas en las potencias imperialistas para aprovecharse de sus contradicciones. Por tanto, esa definición se aparta de las condiciones históricas que la generaron y se pretende trasladar de manera mecánica y anticientífica a las condiciones actuales, en las que ya no existe la URSS, mientras la situación que se ha formado en China no es nada coherente con los principios del socialismo. Estamos hablamos de una superpotencia capitalista, que compite con EE.UU por la supremacía en el sistema imperialista mundial.
10. Tanto en el pasado, como hoy en el terreno de surgimiento y desarrollo de formaciones fascistas, el camino no se allana solo por fuerzas de la derecha, sino además por fuerzas de la socialdemocracia, que apoyan la teoría ahistórica de los “dos extremos”, de la inaceptable equiparación del comunismo con el fascismo. De este modo no solo buscan absolver el capitalismo por los crímenes del nazi-fascismo, así como atribuirlos al movimiento comunista, a la única fuerza que luchó consecuentemente y con sacrificios en contra de él.
Además, la desilusión de fuerzas populares con bajo criterio político de las promesas de partidos de derecha y socialdemócratas que han gobernado, en condiciones de falta de partidos comunistas fuertes y de grandes luchas obreras, actúa de manera que refuerza la recuperación política de fuerzas nacionalistas, racistas, y hasta incluso fascistas. En particular, esto se hace más intenso en condiciones de destrucción masiva de las capas bajas y medianas en la fase de la crisis capitalista, del aumento de la pobreza, del desempleo y del deterioro de los partidos parlamentarios burgueses. Entonces la burguesía utiliza de diversas maneras los partidos nazis, como avanzadilla al servicio de sus intereses. Utiliza su acción nazi, que con el extremo nacionalismo y la supuesta “solidaridad”, apunta a la integración de fuerzas populares, de desempleados, de capas pequeñoburguesas que hayan sido destruidas.
11. Además, hoy se abren el camino para fuerzas fascistas y para su absolución también por fuerzas “comunistas” oportunistas que en nombre de la “restauración de la soberanía de país” frente a la Unión Europea, como sucede en Italia, o de la “repulsión del fascismo exportado de EE.UU”, como sucede en Rusia, discuten o incluso colaboran con fuerzas que tienden al fascismo.