Junto con la atención de los medios de comunicación extranjeros por los acontecimientos políticos en Grecia, también se multiplican las intervenciones públicas de los grandes empresarios locales, que expresan su preocupación por la “estabilidad” y piden a los partidos griegos que aspiran al poder que “se pongan manos a la obra” para garantizarla.
Su preocupación no tiene que ver con las disputas artificiales del sistema político, ni con las disputas entre partidos viejos y nuevos, que se presentan como los “salvadores” del pueblo y compiten por ver quién puede garantizar un gobierno estable. Todas estas opciones garantizan los intereses de la clase burguesa, que vuelve a intentar reciclar los polos de “derecha e izquierda” y los falsos dilemas de la alternancia gubernamental para una supuesta gestión humana del capitalismo.
Lo que más les intimida es la posibilidad de que el pueblo cuestione la estabilidad de las decisiones estratégicas relacionadas con la “disciplina presupuestaria”, la intervención militar, los planes energéticos del gran capital, las alianzas imperialistas, el Estado y sus instituciones.
Saben muy bien que el descontento que hierve a fuego lento puede, en determinadas condiciones, volverse masivamente en contra de tales opciones, a medida que aumentan las dificultades del sistema para gestionar sus rivalidades, sus callejones sin salida y sus contradicciones.
Varios grandes empresarios señalan este peligro a los partidos burgueses en sus intervenciones públicas y les piden que den muestras de responsabilidad, mediante consensos más profundos, y recurriendo a la política del “palo y la zanahoria” para mantener al pueblo en la inercia y la sumisión.
Sin embargo, su estabilidad se ha puesto a prueba y no tiene nada de sorprendente para el pueblo. Nos lleva con seguridad más a fondo hacia la guerra imperialista y sus consecuencias como son la inflación que destroza los ingresos populares, “los ataúdes cubiertos con la bandera griega”, los drones que sobrevuelan los mares griegos. Trae nuevas penurias para el pueblo y lo condena a nuevos sacrificios, para blindar los beneficios y los intereses del capital.
La estabilidad que busca el sistema significa una inestabilidad generalizada para el pueblo. Por eso la clase obrera y las capas populares pobres tienen interés en cambiar esta situación: a través de la escalada constante de su lucha, uniendo fuerzas con el KKE, pueden socavar las opciones estrateǵicas de la burguesía y fortalecer la corriente que cuestiona la política que sirve a los intereses de la burguesía, en todas sus versiones, viejas y nuevas…
