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Luchamos por la Grecia y la Europa del socialismo

Date:
sept 30, 2026
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En su discurso en el 52.o Festival de la KNE, Dimitris Koutsoumpas, Secretario General del Comité Central de KKE, destacó entre otras cosas:

“Hoy en día, la cuestión ya no es si el mundo cambia, ya que, de todos modos, cambia cada día. Sino quién dejará su huella, la dirección hacia la que cambiará este mundo.

Hoy en día, cuando los preparativos bélicos ya no son solo una noticia en Internet, sino que abarcan toda la vida de un joven, desde el centro de trabajo hasta la universidad, que determina qué proyectos e inversiones se llevarán a cabo y qué no, precisamente hoy es muy importante tomar conciencia de que los sacrificios que se le exigen al pueblo no son temporales, hasta que termine una supuesta “situación de emergencia”.

Cuando el capitalismo se encuentra en su fase bélica, no puede haber “normalización”. Además, no es la primera vez que se le piden sacrificios y paciencia al pueblo.

La generación de jóvenes inmediatamente anterior, que hoy está transcurriendo su tercera década de vida, puede recordar muy bien que, desde que iba al colegio hasta hoy, solo se le han pedido sacrificios y paciencia. Ya sea para superar la crisis económica, o para consolidar el crecimiento, para que pase la pandemia de la COVID, para que terminen las turbulencias energéticas, por una cosa y por otra.

La excusa sí cambia. Lo que nunca cambia es quién paga y quién se enriquece cada vez con la “situación de emergencia”. Cada vez que el pueblo les ha creído, ha dado pasos atrás… Ha perdido conquistas por las que se había derramado sangre. Ha perdido un tiempo precioso y ha sufrido decepciones.

Las promesas del Gobierno de Mitsotakis y de la socialdemocracia del PASOK y de Tsipras, de que en algún momento la rentabilidad capitalista traería también la prosperidad popular, son como un arcoíris: por mucho que uno camine hacia él, este más se aleja.

Por supuesto, no se trata de un espejismo, sino de una gran ilusión creer que puede haber intereses comunes entre los explotados y sus explotadores.

La cuestión, pues, no es si habrá sacrificios, sino que los sacrificios que se hagan sean en favor de nuestros propios intereses de clase, de nuestra causa justa, de la igualdad, para no estar bajo ninguna bandera ajena. ¡Para que se abra otro camino lleno de esperanza, para que el capital voraz y depredador pierda definitivamente y triunfe la verdadera patria de nuestro pueblo!

Para que la juventud de hoy no viva su mejor período en una Grecia y una Europa de la explotación y la guerra, sino que reclame vivirlo en una Grecia y una Europa de justicia social, prosperidad y solidaridad entre los pueblos, es decir, en la Grecia y la Europa del socialismo.

¡Esta es la respuesta realista, necesaria y madura para el siglo XXI!

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Aquellos que sirven a la patria del capital, el Gobierno de la ND y los demás partidos del sistema, se dedican desde hace tiempo al conocido espectáculo de comparar sus programas “cuyo coste financiero ha sido evaluado”. Este tipo de enfrentamiento no es en nada inocente. 

Puede que las propuestas de unos se diferencien en unos pocos euros o en unas décimas de las de otros, pero el objetivo es exactamente el mismo. Que los buitres del gran capital, de la UE y de la OTAN, los von der Leyen y los Rutte, capten el mensaje de que todos ellos están sujetos a sus corsés presupuestarios y a sus opciones estratégicas generales, a los memorandos bélicos.

Al mismo tiempo, pretenden, por supuesto, que el pueblo capte el mensaje y aprenda a rebajar sus exigencias, a renunciar voluntariamente a sus necesidades actuales, a interiorizar la idea de que todo lo que reclama, supuestamente, “puede meter al país en líos”.

Así, la respuesta habitual del señor Mitsotakis y de sus ministros ante cualquier reivindicación popular justa, así como ante las propuestas que presenta el KKE en el Parlamento, es que tienen un “coste insostenible”, que son “maximalistas” y que “la economía no lo aguanta”.

Les siguen de cerca los partidos de la oposición conveniente, que rechazan estas propuestas, ya sea con su voz o con su silencio. Sin embargo, nunca les hemos oído calificar de “insostenible” el coste de los 7,5 mil millones de euros al año que destinan al armamento de la OTAN, que todos ellos aprueban en bloque. Esto lo llaman “blindaje defensivo del país”, cuando en realidad forma parte integrante de los planes que, de hecho, nos meten en líos y no tienen nada que ver con la defensa de nuestro país.

No les hemos oído calificar de “maximalistas” los beneficios netos de 12,1 mil millones de euros de las empresas que cotizan en bolsa en 2025. ¡Esto lo llaman “crecimiento” y “clima de inversión positivo”!

¡Nunca les hemos oído decir que “la economía no puede soportar” el impuesto diferido de los bancos ni las exenciones fiscales de los armadores! ¡Hasta las han incluido en la Constitución y ahora se disponen a añadir también las exenciones fiscales de los inversores estratégicos!

La cuestión, por tanto, no es en general el “cálculo de costes”, sino los criterios con los que se hace este cálculo. Para nosotros, solo hay un criterio: cómo armonizar el nivel de cobertura de las necesidades populares actuales con las posibilidades que, objetivamente, ofrece nuestra época.

Porque hoy en día no existe el problema de falta de recursos, como dicen. Los recursos se generan gracias al trabajo humano y se convierten en beneficios que van a parar a las arcas y carteras de los capitalistas.

El problema que sí existe es la sobreacumulación de beneficios, el despilfarro de los recursos disponibles en fines no productivos, e incluso destructivos, algo que, por desgracia, forma parte del ADN de este sistema.

Desde este punto de vista, pues, el hecho de que falten miles de docentes en los colegios supone un coste real enorme para la educación de nuestros hijos. Es un coste enorme para la salud del pueblo que falten médicos y enfermeros en los hospitales. Supone un coste enorme para todos nosotros y para el entorno en el que vivimos que no se cubran las vacantes en el cuerpo de bomberos y que no se lleven a cabo obras de protección contra las inundaciones.

Supone un coste enorme que obreros resulten heridos o mueran a causa de la intensificación del trabajo, los turnos interminables y la falta de medidas de seguridad en los centros de trabajo. Es un coste enorme que los niños y las mujeres no estén protegidos de los diversos monstruos que engendran los valores podridos de este sistema. Que no haya atención para las personas mayores, que cierren centros de desintoxicación que realizan una labor enorme.

En definitiva, el capitalismo nos sale muy caro, nos salen muy caras las ganancias del capital y la política de los partidos que lo sirven. ¡Y este coste no podemos ni debemos seguir tolerándolo!

Estos son los costes que se deben “recortar” para que el pueblo pueda respirar hoy. ¡Deben pasar a ser cosa del pasado para que la rueda de la historia salga del atolladero!

Para construir una sociedad en la que las necesidades de la mayoría no se consideren un coste, sino que constituyan el motor de toda la actividad humana. ¡Una sociedad sin explotación del hombre por el hombre, la sociedad de la “amistad universal”, el socialismo-comunismo!”