En su discurso en el 52.o Festival de la KNE, Dimitris Koutsoumpas, Secretario General del Comité Central de KKE, destacó entre otras cosas:
“Hoy en día, la cuestión ya no es si el mundo cambia, ya que, de todos modos, cambia cada día. Sino quién dejará su huella, la dirección hacia la que cambiará este mundo.
Hoy en día, cuando los preparativos bélicos ya no son solo una noticia en Internet, sino que abarcan toda la vida de un joven, desde el centro de trabajo hasta la universidad, que determina qué proyectos e inversiones se llevarán a cabo y qué no, precisamente hoy es muy importante tomar conciencia de que los sacrificios que se le exigen al pueblo no son temporales, hasta que termine una supuesta “situación de emergencia”.
Cuando el capitalismo se encuentra en su fase bélica, no puede haber “normalización”. Además, no es la primera vez que se le piden sacrificios y paciencia al pueblo.
La generación de jóvenes inmediatamente anterior, que hoy está transcurriendo su tercera década de vida, puede recordar muy bien que, desde que iba al colegio hasta hoy, solo se le han pedido sacrificios y paciencia. Ya sea para superar la crisis económica, o para consolidar el crecimiento, para que pase la pandemia de la COVID, para que terminen las turbulencias energéticas, por una cosa y por otra.
La excusa sí cambia. Lo que nunca cambia es quién paga y quién se enriquece cada vez con la “situación de emergencia”. Cada vez que el pueblo les ha creído, ha dado pasos atrás… Ha perdido conquistas por las que se había derramado sangre. Ha perdido un tiempo precioso y ha sufrido decepciones.
Las promesas del Gobierno de Mitsotakis y de la socialdemocracia del PASOK y de Tsipras, de que en algún momento la rentabilidad capitalista traería también la prosperidad popular, son como un arcoíris: por mucho que uno camine hacia él, este más se aleja.
Por supuesto, no se trata de un espejismo, sino de una gran ilusión creer que puede haber intereses comunes entre los explotados y sus explotadores.
La cuestión, pues, no es si habrá sacrificios, sino que los sacrificios que se hagan sean en favor de nuestros propios intereses de clase, de nuestra causa justa, de la igualdad, para no estar bajo ninguna bandera ajena. ¡Para que se abra otro camino lleno de esperanza, para que el capital voraz y depredador pierda definitivamente y triunfe la verdadera patria de nuestro pueblo!
Para que la juventud de hoy no viva su mejor período en una Grecia y una Europa de la explotación y la guerra, sino que reclame vivirlo en una Grecia y una Europa de justicia social, prosperidad y solidaridad entre los pueblos, es decir, en la Grecia y la Europa del socialismo.
¡Esta es la respuesta realista, necesaria y madura para el siglo XXI!

