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Un acuerdo peligroso

Date:
jun 5, 2026
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En noviembre de 2022 se firmó el acuerdo para la cesión de los Astilleros de Elefsina a la empresa estadounidense ONEX. A esto le había precedido en 2018 un acuerdo similar sobre los astilleros de Siros, que también habían quedado en desuso, por culpa del Estado y de la patronal. Aquel día, no pararon de salir declaraciones de los responsables del gobierno y de los representantes de la multinacional estadounidense sobre dicho “acuerdo histórico”.

Más allá del atropello de los derechos laborales en los dos astilleros, lo que quedó claro desde el primer momento fue el plan de integrarse en los planes militares-bélicos de EE.UU., la OTAN y la UE, llevándose una buena parte del pastel de la economía de guerra. De hecho, esa fue la razón por la que luego el banco de desarrollo estadounidense DFC también mostró interés en invertir.

Esos planes “maduraron” y empezaron a tomar forma con el proyecto de ley para convertir Elefsina en un centro comercial y militar de los estadounidenses, que competiría con el puerto del Pireo, cuyo funcionamiento es controlado por la empresa china COSCO. La participación de los Astilleros en estos planes es clave. La propietaria, ONEX, se ha hecho con el derecho a desarrollar infraestructuras portuarias y de mercancías, metiéndose en medio de los intereses chinos en nombre de los estadounidenses.

Ahora, de nuevo con el “visto bueno” del gobierno y el silencio cómplice de todos los partidos del sistema, ONEX se convierte en proveedor... de servicios de reparación y mantenimiento de la 6.ª Flota, integrando aún más los Astilleros en los planes bélicos de los estadounidenses y la OTAN. Con el acuerdo que se firmó el viernes, las dos instalaciones navales se comprometen, entre otras cosas, a mantener en pleno funcionamiento las flotas estadounidenses que operan en nombre de la “seguridad” imperialista en el Mediterráneo y África.

Cabe señalar que estamos hablando de la flota encargada de promover la “supremacía energética” de EE.UU. en toda la región, es decir, de garantizar la seguridad de las inversiones estadounidenses en la extracción y el transporte de energía por todo el Mediterráneo, en la que también apuesta la burguesía de Grecia para reforzar su papel.

Así es como se entrelazan los intereses económicos y energéticos con los planes militares, y la factura siempre la pagan los trabajadores y el pueblo. La paga con el recorte de sus derechos en tiempos de paz imperialista, pero también con su propia sangre cuando las rivalidades llegan al punto de ebullición bélica.

La conversión de los astilleros en infraestructuras -en esencia- militares es un eslabón más que involucra al país y al pueblo a los planes imperialistas y a las guerras. Por sí sola, esta evolución convierte aún más las infraestructuras navales en un objetivo de represalias militares por parte de los bandos imperialistas rivales de la OTAN. Nuestro país, además de ser una base de operaciones para los estadounidenses y la OTAN, se está convirtiendo ahora en una base de reparación para sus buques de guerra, lo que aumenta los peligros para el pueblo.

El silencio de todos los partidos euroatlánticos ante este peligroso acuerdo es revelador. Montan peleas de pacotilla, pero en vista a los grandes intereses de la burguesía y sus aliados, se ponen de acuerdo y colaboran.

Además,ha quedado demostrada la complicidad de todos en el proceso de desvalorización de los Astilleros de Elefsina, antes de que la multinacional estadounidense “se presentara” como salvadora, mientras que el acuerdo para el “rescate” de los Astilleros de Siros lleva la firma del entonces gobierno de Tsipras, que allanó el camino y sentó un precedente para lo que vino después. En otras palabras, Tsipras y la ONEX estadounidense se conocen desde hace tiempo...

Ahora el pueblo puede entender mejor que sus planes de desarrollo van de la mano con una implicación más activa del país en proyectos y rivalidades que huelen a pólvora. Y esto pasa porque su desarrollo se basa en los beneficios del capital. Ahí está la verdadera causa de sus guerras. En medio de estas condiciones sombrías, cobra aún más sentido el lema -llamamiento a la contraofensiva- “ningún sacrificio por sus beneficios y sus guerras”.

La situación de los Astilleros pone de manifiesto, por un lado, el enorme potencial productivo y, por otro, el carácter destructivo de la propiedad capitalista y de su funcionamiento, que se rige por los intereses, la competencia y los beneficios de un puñado de grupos empresariales. ¡El pueblo debe liberarse de esto, luchando por unos astilleros que sean propiedad social, al servicio de las necesidades populares contemporáneas!