Se espera que decenas de puertos se paralicen con la huelga coordinada en Europa, Asia, África e incluso América el 30 de octubre, lo que enviará un mensaje esperanzador de que “los trabajadores tienen el poder”.
Se trata de una gran iniciativa internacionalista que toma el relevo de la anterior Jornada de Acción, del 6 de febrero, en la que los estibadores se manifestaron gritando: “¡No trabajamos para la guerra! Que los puertos sean de los pueblos y de la paz, no bases de los imperialistas”.
En Grecia, junto a los estibadores de los muelles II y III de El Pireo, han decidido sumarse a la huelga los marineros y los trabajadores de la zona de construcción y reparación de buques, de los demás astilleros y de las fábricas metalúrgicas. Ese mismo día se pondrán en marcha iniciativas en más sectores y centros de trabajo, tanto del sector privado como del público.
En esta lucha se unirán...
- los que ponen en marcha las grúas puente. Los que cargan millones de toneladas de mercancías y a los que ahora los grupos empresariales les piden que “carguen” materias primas, armas y municiones para la guerra
- los marineros, que ponen en marcha los barcos por todo el mundo y a los que hoy los armadores mandan a zonas de guerra por sus beneficios, los hacen firmar “sentencias de muerte”
- los obreros que construyen los barcos y dan vida a las máquinas de la metalurgia, y con el giro hacia la economía de guerra ven cómo la patronal aprovecha otra oportunidad para exigir que trabajen “a tope”, y para intensificar la explotación para sus planes bélicos.
La Jornada de Acción se está convirtiendo en un hito clave de la intervención combativa del movimiento obrero contra la guerra imperialista, contra la implicación del país y contra la transformación de infraestructuras cruciales en eslabones de la cadena bélica.
Pero también contra las consecuencias para los derechos laborales, los ingresos y, en general, la vida de los trabajadores, y contra los llamamientos a la sumisión ante otro “invierno difícil” debido a la escalada de la guerra imperialista.
Al mismo tiempo, supone un hito en la escalada de huelgas del próximo período para conseguir convenios colectivos con aumentos salariales, medidas de salud y seguridad, y una jornada laboral estable y reducida. Contra todo aquello que —como queda patente en el nuevo presupuesto— ajusta a las condiciones de la economía bélica la vida de la clase obrera, que determina cada aspecto de su trabajo y su vida, y que provoca un gran descontento, totalmente justificado, hacia la política del gobierno y de los demás partidos.
El 30 de octubre, en la misma “cadena” de lucha se unirán trabajadores de muchos países diferentes, a los que las clases burguesas tienen en el punto de mira para repartirse el botín imperialista.
Entre ellos, los estibadores griegos junto a sus colegas turcos, transmiten el mensaje de que la patria de los trabajadores y del pueblo no tiene nada que ver con la patria de los explotadores, que los arrastran al fuego de la rivalidad y la guerra.
La jornada de la gran acción internacional responde a la pregunta “¿qué podemos hacer?”; demuestra que los trabajadores encuentran la fuerza cuando salen a la lucha contra los planes agresivos de la clase burguesa. Que hoy, y cada día, lo que está en juego es el enfrentamiento en cada país contra el capital y sus estrategias, la organización de la contraofensiva obrera y popular, el camino hacia el derrocamiento del podrido sistema de explotación y guerra.
