Estimados camaradas:
En primer lugar, queremos agradecer al Partido Comunista de Cuba por organizar el 24.º Encuentro Internacional de Partidos Comunistas y Obreros a pesar de las grandes dificultades que supone para el pueblo cubano la intensificación del bloqueo y de la agresividad de EE.UU.
Desde La Habana, Cuba, volvemos a condenar el prolongado bloqueo imperialista contra Cuba. Denunciamos todas las nuevas medidas con las que la administración de Trump intenta asfixiar al pueblo cubano, sobre todo el bloqueo energético impuesto en los últimos ocho meses.
Desde el primer momento de la victoria de la Revolución Cubana, en 1959, el KKE se ha mantenido firmemente al lado de Cuba y de su pueblo, expresando sin cesar su solidaridad. Y así seguimos hoy, con determinación. Junto con decenas de otros partidos comunistas y obreros de todo el mundo, reforzamos las iniciativas de apoyo al pueblo cubano y a todos los pueblos víctimas de las intervenciones y las guerras imperialistas, como los pueblos de Palestina, de Irán, del Líbano, etc.
Apoyamos la lucha común de los pueblos que son los únicos responsables a decidir sobre los desarrollos en su patria, contra la barbarie capitalista y por la abolición de la explotación del hombre por el hombre.
Hoy volvemos a estar aquí, fieles a nuestro deber internacionalista, junto al pueblo cubano, y exigimos:
- Que se levanten todas las medidas del bloqueo económico bárbaro y genocida de EE.UU. contra Cuba.
- Que se ponga fin a cualquier tipo de persecución contra el general Raúl Castro.
- Que se retiren de inmediato todos los planes de agresión militar imperialista de EE.UU. contra Cuba.
- Que se elimine a Cuba de la infame lista de “Estados patrocinadores del terrorismo” elaborada por el Departamento de Estado de EE.UU. para asfixiar económicamente a la isla de la revolución.
- Que se levanten todas las sanciones fraudulentas que tienen en el punto de mira a instituciones y organizaciones de Cuba como el ICAP y otras.
En los últimos meses, el KKE ha puesto en marcha cientos de iniciativas, con movilizaciones masivas, actos y demás, por toda Grecia para expresar nuestra solidaridad con el pueblo cubano. Con dos grandes manifestaciones, en las que participaron decenas de miles de personas, entre ellas muchos jóvenes, frente a la embajada de EE.UU., hemos condenado la escalada de agresividad imperialista.
Con un gran acto en Atenas, rendimos homenaje a la vida y a la contribución del líder de la Revolución Cubana, el comandante Fidel Castro Ruz, uno de los grandes revolucionarios comunistas del siglo XX, del que este año se cumplen 100 años de su nacimiento.
Nuestro Partido interviene ante el Gobierno griego, el Parlamento griego y el Parlamento Europeo, y hace frente a todo tipo de ataques anticubanos y al anticomunismo de la Unión Europea.
El KKE rinde homenaje a la memoria y a la contribución histórica de Fidel, líder del Partido Comunista de Cuba y de la Revolución Cubana que fue la primera revolución socialista del continente americano y uno de los acontecimientos más importantes del siglo XX. Rinde homenaje a su contribución al esfuerzo por construir una nueva sociedad y a la solidaridad internacionalista con los pueblos que luchan.
La Revolución Cubana demostró que el imperialismo no es invencible y que los pueblos tienen la fuerza de derrocar la explotación capitalista, la injusticia y la barbarie.
Fidel Castro vivirá para siempre en la memoria histórica y la conciencia colectiva de los pueblos de todo el mundo, de los oprimidos, que luchan por liberar a la humanidad de la explotación del hombre por el hombre, por la victoria final, por el socialismo-comunismo.
En su persona honramos, sobre todo, al pueblo heroico de Cuba, que desde hace 67 años ha elegido su propio camino de desarrollo en base a sus propias necesidades; resiste a la potencia imperialista más fuerte de nuestra época, el capital monopolista y EE.UU.
Todos los acontecimientos confirman que la única salida para los pueblos es el paso revolucionario al socialismo-comunismo.
Estimados camaradas:
Las declaraciones de altos funcionarios imperialistas y de los gobiernos burgueses, después del derrocamiento contrarrevolucionario de 1989-1991, sobre un nuevo mundo de paz y prosperidad que supuestamente se abría para los pueblos, han demostrado ser justo lo contrario: nuevas guerras e intervenciones imperialistas, una mayor explotación de la clase obrera a nivel mundial, un aumento vertiginoso de la pobreza relativa y absoluta, crisis capitalistas que recaen sobre los pueblos, oleadas de millones de migrantes y refugiados como consecuencia de la barbarie imperialista.
Treinta y cinco años después, la correlación de fuerzas de la lucha de clases a nivel mundial sigue siendo negativa, a pesar de los problemas del capitalismo y de la agudización de sus contradicciones. Al mismo tiempo, los propios acontecimientos ponen de manifiesto cada vez más un sistema envejecido, podrido e históricamente anticuado.
En manos del capital, las nuevas posibilidades tecnológicas, en lugar de usarse para satisfacer plenamente las necesidades sociales, sirven para aumentar los beneficios de unos pocos, los capitalistas, y para aumentar el grado de explotación, la represión y la manipulación de la clase obrera y de los pueblos. El hecho de que no se aprovechen las posibilidades científicas y tecnológicas contemporáneas sobre todo para reducir la jornada laboral general, con un aumento de los salarios, horarios fijos y la protección de la seguridad y la salud del pueblo, la satisfacción de sus necesidades educativas y la protección del medio ambiente, pone de manifiesto la agudización de la contradicción fundamental entre el capital y el trabajo.
La desaceleración de la economía internacional en los últimos años evidencia la enorme cantidad del capital sobreacumulado, que no puede recapitalizarse con una tasa de beneficio satisfactoria. La crisis económica capitalista surge periódicamente como consecuencia del funcionamiento normal de la economía capitalista. No se trata de una anomalía; está en el núcleo de funcionamiento del sistema capitalista.
En el último período, se ha vuelto a demostrar que ninguna propuesta de gestión burguesa, ya sea keynesiana o neoliberal, ninguna política fiscal y monetaria expansiva o restrictiva, puede acabar con el ciclo de la crisis económica capitalista, la desigualdad en la producción capitalista, la creación simultánea de riqueza y pobreza, es decir, con la contradicción entre el carácter social de la producción y la apropiación capitalista de sus resultados, que constituye la contradicción fundamental del modo de producción capitalista.
En este contexto, se está impulsando un giro hacia la economía de guerra y la preparación para una guerra imperialista a gran escala lo que, por un lado, da salida al capital estancado mediante inversiones en la economía de guerra y, por otro, cumple un doble objetivo: un nuevo reparto de mercados, rutas de transporte, así como inversiones sobre las ruinas de los focos de conflicto. Esta estrategia va acompañada de un aumento del grado de explotación de los trabajadores, una reducción del gasto en políticas sociales y una intensificación del autoritarismo y la represión.
Una vez más, queda claro que el gran capital está dispuesto a cometer cualquier crimen para salvaguardar su poder y aumentar sus beneficios. Por las mismas razones por las que intensifica el ataque contra los ingresos y los derechos de los trabajadores en tiempos de paz imperialista, arrastra a los pueblos al campo de conflictos bélicos. Todos los acontecimientos confirman que la única salida progresista para nuestra época es el paso revolucionario al socialismo-comunismo, el cumplimiento riguroso de las leyes científicas que rigen la revolución socialista así como la construcción de la nueva sociedad, la destrucción del Estado burgués, la socialización de los medios de producción y la planificación científica central como relación social comunista, que son herramientas insustituibles en manos del poder obrero.
Los grandes derrocamientos contrarrevolucionarios de los últimos treinta años no cambian el carácter de nuestra época. Vivimos en una época en la que es necesario pasar del capitalismo al socialismo, ya que las condiciones materiales para la organización socialista de la producción y la sociedad están maduras, a pesar de que, en bastantes casos, se ha puesto de manifiesto la falta de preparación del factor subjetivo, que estaba -y, en gran medida, sigue estando- atrapado. El carácter de la revolución no está determinado por la correlación de fuerzas; en la época del imperialismo, la revolución será socialista. La estrategia de las etapas intermedias y de transición, así como las concepciones burguesas del socialismo que lo identifican con las políticas keynesianas de “economía mixta” o con múltiples formas de propiedad -como la estatal, la capitalista, la pequeña producción mercantil, etc.- se han convertido en el vehículo de la contrarrevolución en los últimos 35 años, perpetuando el dominio de los monopolios y la explotación del hombre por el hombre.
