El conflicto en Ucrania del este no fue una sorpresa para el KKE, sino el estallido de un conflicto predeterminado, que se preparó metódicamente en el "caldo" del antagonismos entre intereses fuertes y es el resultado de la restauración capitalista que condujo a la desintegración de la Unión Soviética. Recordemos que entonces el mundo político griego, desde la extrema derecha hasta la llamada «izquierda renovadora» y a excepción del KKE, afirmaba que «se abrían las vías de la paz y la prosperidad» para los pueblos.
La larga «cadena» de guerras (Yugoslavia, Afganistán, Irak, Libia, Siria, Sudán, Ucrania, Irán, etc.) y las crisis capitalistas que siguieron, demuestran claramente quién tenía razón en sus predicciones y quién no.
Entre las guerras que se desataron se encuentra la guerra en Ucrania, que hoy cumple 1461 días. Es el mayor conflicto en territorio europeo desde la Segunda Guerra Mundial, y ha generado millones de refugiados, heridos y cientos de miles de muertos. Se trata principalmente de hijos de familias pobres, que o bien no pudieron escapar del reclutamiento o bien se alistaron en la guerra «voluntariamente» debido a los ugosos salarios.
El KKE reveló las causas de este derramamiento de sangre, rechazando tanto los pretextos del bloque euro-OTAN, sobre la «defensa de la soberanía de Ucrania» o la «libre seelección de aliados» o la «democracia frente al autoritarismo», como las excusas que utilizó el liderazgo ruso para justificar la inaceptable invasión militar de Ucrania, de una «guerra antifascista», de «defensa de los rusoparlantes» o la «desmilitarización de Ucrania». Ha quedado claro que el conflicto no tiene que ver con nada de lo anterior, sino con el control de las fuentes de riqueza, las rutas energéticas y las esferas de influencia entre el bloque euroatlántico y el eje imperialista euroasiático en formación. Recientemente, y sin tapujos, todos hemos visto el regateo entre Trump, Zelenski y Putin por las tierras raras de Ucrania, que ha acabado con las últimas ilusiones que algunos aún tenían.
En estos cuatro años de guerra imperialista, el KKE ha estado en Grecia en la vanguardia la lucha contra la implicación de nuestro país en la guerra, en el marco del bloque imperialista euroatlántico. Organizó importantes movilizaciones contra la guerra, frente a las bases estadounidenses en Alexandrópolis, Souda, Larisa, etc. Apoyó la acción similar de los sindicatos y las organizaciones de masas, del movimiento antimilitarista y antiimperialista. Bloqueó carreteras, ferrocarriles y puertos utilizados por las fuerzas de la OTAN. Votó en contra del acuerdo de ampliación de las bases estadounidenses y los gastos militares de la OTAN. En el Parlamento Europeo, cuando Nueva Democracia, PASOK, SYRIZA y la extrema derecha, junto con los partidos de la «izquierda» europea, apoyaron el delirio bélico de los imperialistas europeos, el KKE votó en contra y denunció el hecho ante el pueblo. Se opuso y condenó tanto el envío de material bélico de las Fuerzas Armadas griegas a Ucrania como el entrenamiento de militares ucranianos.
Hoy en día, lo que más preocupa es la duración y las dimensiones que puede alcanzar la guerra y si esta puede «rodear» y «unirse» a las decenas de otros conflictos bélicos que hay en el mundo, por ejemplo, el de Irán y Estados Unidos. En otras palabras, intensificarse aún más y conducir al uso de armas más destructivas, incluso nucleares.
La guerra no es un fenómeno natural, como un terremoto, sino social, y en el capitalismo, que es el enemigo de los pueblos, se identifica con las rivalidades que conducen a las guerras imperialistas por la búsqueda de beneficios de los monopolios, el control de los mercados y las fuentes de riqueza, los yacimientos energéticos y las vías de transporte de energía y mercancías, la sobreexplotación de los trabajadores y los pueblos.
A pesar de las diversas «conversaciones de paz» o de las treguas temporales, la verdad es que, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, la humanidad se encuentra tan cerca de la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial. Esta constatación se basa tanto en el intenso conflicto entre Estados Unidos y China por el liderazgo en el sistema imperialista mundial, como en la intensa preparación bélica de las potencias imperialistas y los polos imperialistas rivales, que recuerda en gran medida al período correspondiente de entreguerras. No nos sorprenda el hecho de que dentro de las alianzas imperialistas, como la OTAN y la UE, surjan contradicciones. Estas son provocadas por el desarrollo capitalista desigual y las relaciones desiguales entre los Estados capitalistas. Las alianzas pueden cambiar, reorganizarse, pero su ADN de clase permanece: son la base económica de los Estados capitalistas que las componen y su «disputa» es por los intereses de unos pocos, de sus monopolios. Por eso, el dilema «campo euroatlántico o euroasiático» es falso y no tiene nada que ver con los intereses de los pueblos.
Son los pueblos los que derraman su sangre en las guerras imperialistas, los que se convierten en «carne de cañón» para que se beneficien desde las industrias bélicas hasta las constructoras de la «reconstrucción».
No creamos a los gobernantes de todo tipo cuando nos dicen que nuestro país es una «isla de seguridad y estabilidad» en un mundo que arde, se pudre y se hunde en el abismo de las guerras. ¡Esas islas no existen en el capitalismo! Los Estados Unidos, la OTAN, la UE, cualquier alianza imperialista no son un «puerto seguro», como nos dicen. Nos lo grita a los oídos el caso de Groenlandia, las «zonas grises» del Egeo, la llamada «patria azul», etc.
Ahora es necesario intensificar la lucha del pueblo y de la juventud para cerrar las bases estadounidenses y de la OTAN de la muerte, para que regresen las unidades griegas de las fuerzas armadas que se encuentran fuera de las fronteras, y se intensifique la lucha de los trabajadores para liberar al país de las intervenciones imperialistas, las guerras y las alianzas de la OTAN y la UE, con el pueblo soberano en nuestra tierra.
