Al formar el DSE, el KKE actuó como un partido combativo que encabezó la lucha de clases armada, algo que quedó patente con el sacrificio de miles de sus miembros y dirigentes. Entre ellos se encontraban los miembros del Comité Central que fueron asesinados, ejecutados o cayeron en combate: Spiros Kalodikis, Adam Mouzenidis, Ilias Kiapes, Stefanos Giouzelis, Stergios Anastasiadis, Aristos Vasiliadis, Vasilis Markezinis, Kostas Farmakis, Vangelis Kavvadias, Giorgis Tsitilos, Nikos Arabatzis, Mitsos Paparigas, Giorgis Dimitriou y Giannis Zevgos.
Durante la lucha del DSE, el KKE demostró que podía funcionar incluso en las condiciones más adversas. A pesar del ataque frontal de la burguesía nacional y de las dificultades objetivas de comunicación, el Buró Político, el Comité Central y otros órganos del Partido siguieron reuniéndose; se celebraban asambleas de las organizaciones del Partido incluso durante las pausas entre combates, mientras los comunistas reclutaban a nuevos miembros.
Al contrario de lo que ha afirmado hasta ahora la propaganda burguesa, el DSE fue parte integrante del movimiento obrero y popular. Su fundación y su épica trayectoria habrían sido imposibles sin el apoyo decisivo y multifacético de las fuerzas obreras y populares, sobre todo en las zonas de la Grecia Libre. Las masas populares pobres fueron las que entregaron al DSE todo tipo de ayuda, mano de obra, comida y ropa, y ayudaron a construir fortificaciones, a recabar información y a organizar la Milicia Popular.
El DSE y las instituciones de origen popular que organizaban la vida socio-política en los territorios donde prevaleció (Consejos Populares, Milicia Popular, Justicia Popular) fueron el pilar que permitió al factor obrero y popular desarrollar la fuerza necesaria para hacer frente a sus numerosos problemas. Según las “Disposiciones Constitucionales para la Grecia Libre”, publicadas inicialmente por el Cuartel General de los Guerrilleros y que luego fueron incorporadas a la legislación del Gobierno Democrático Provisional, se impulsó la creación de Consejos Populares -cuyos miembros eran elegidos por toda la población adulta y podían ser destituidos, así como la elección y el funcionamiento de los Tribunales Populares. Además, se definieron las competencias de la Milicia Popular, se estableció la educación obligatoria y gratuita de seis años y se adoptó la demótica como lengua oficial. Se proclamó la igualdad entre hombres y mujeres y se reconocieron los derechos de las minorías étnicas y lingüísticas.
Los Consejos Populares no solo respondieron a las necesidades urgentes del conflicto bélico, sino que también tomaron la iniciativa en la creación de dispensarios y escuelas populares (en los territorios de Arcadia liberados por el DSE se llegó incluso a crear una Escuela Popular con el objetivo de formar a los maestros de las escuelas populares). Contribuyeron a la organización y distribución de la producción, a la protección de la vida y los bienes de los habitantes de las zonas liberadas, a su educación y desarrollo cultural. Contribuyeron a la protección de sus hijos, salvándolos de los bombardeos y la esclavitud.
Como resultado, las instituciones surgidas del pueblo, que se basaron también en la experiencia de las zonas liberadas por el ELAS durante los años de la triple ocupación fascista, crearon las condiciones para que se forjaran vínculos profundos e inquebrantables entre el DSE y las fuerzas obreras y populares de las zonas liberadas, ya que el DSE protegía sus intereses y logros, y ellas lo apoyaban con todos los medios a su alcance. Por eso, el Estado burgués procedió al traslado forzoso de cientos de miles de personas de sus pueblos, a quienes, farisaicamente llamó “afectados por la guerrilla”, con el fin de aislar al DSE de sus principales fuentes de fuerza.
La lucha del DSE fue heroica y grandiosa. Se desarrolló en un contexto de enfrentamiento de clases desigual. Esto hace que su valor y el legado que dejó a la historia del movimiento revolucionario y al KKE sean aún mayores, ya que, aunque fue derrotado militarmente por el Estado capitalista y sus aliados internacionales, no lo fue moral ni políticamente en la conciencia de las fuerzas obreras y populares.
Esa fue precisamente la razón por la que, a pesar de la derrota militar del DSE y de la ilegalidad del Partido, el movimiento obrero y popular ni se sometió ni se desarticuló.
El KKE está orgulloso del ejército de héroes que formó. Miles de comunistas, hombres y mujeres, y muchas otras personas no miembros del Partido, dieron todas sus fuerzas para que la epopeya del DSE cobrara vida, luchando y caminando día y noche, a menudo sin comida, muchos de ellos descalzos, entre el hielo y las tormentas. El KKE rinde homenaje a todos y todas los que lucharon heroicamente en Grammos y Vitsi, en Epiro y Tesalia, en Rumeli y el Peloponeso, en Macedonia y Tracia, en Creta, en las islas del mar Jónico y del mar Egeo, en todos los lugares donde “el Olimpo volvió a resonar”.
La lucha y la abnegación de decenas de miles de hombres y mujeres combatientes del DSE que perdieron la vida, de los heridos, los presos y exiliados por su participación en sus filas, y de todos aquellos que honraron las armas de su lucha tanto en Grecia como en el exilio político, educan, enseñan y forman a nivel moral y político. En su mayoría eran jóvenes, organizados en la Juventud Democrática de Grecia (DNE) y en la Organización Panhelénica Unida de la Juventud (EPON), que constituían aproximadamente el 80 % de la fuerza total del DSE.
El DSE era un ejército popular revolucionario. Se basó en la experiencia organizativa y bélica de la lucha del ELAS durante la Ocupación y en el decisivo enfrentamiento de clases de diciembre de 1944, que habían dejado un gran legado de lucha en la conciencia popular, en las formas de organización y de lucha. En contraposición al ejército burgués, una característica distintiva del DSE era su lucha por la causa justa del pueblo, la abnegación y la disciplina consciente. Combinaba la aplicación combativa de las órdenes con la democracia de las asambleas en sus distintos niveles, donde los de rangos inferiores criticaban a los superiores y viceversa, y se evaluaban las operaciones bélicas con un espíritu de autocrítica.
El DSE, a través de sus Escuelas de Oficiales, convirtió a miles de luchadores populares de vanguardia en líderes militares de todos los rangos, como: Yiannis Alexandrou (Diamantis), Charilaos Florakis (Giotis), Nikos Triantafyllou, Stefanos Giouzelis, Panos Zaras, Kostas Karagiorgis, Yiannis Podias, Kostas Koligiannis (Arvanitis), Thanasis Genios (Lassanis), Pantelis Vainas, Giorgos Iliadis (Sofianos), Nikos Theocharopoulos (Skotidas), Sarantis Protopapas (Kikitsas), Tasos Petsas, Romas Petsos, Giorgis Vogias (Kartsotis), Antonis Angeloulis (Vratsanos), Kosmas Spanos (Amintas), Thomas Palas (Koziakas), Dimitris Giannakouras (Perdikas), Polychronis Vais (Aquiles Petritis), Ilias Alevras, Kostas Xideas, Michalis Papadamos (Fereos), Manolis Stathakis, Aristos Kamarinos, Kostas Tsolakis, Thimios Kapsis (Anapodos), Giorgos Giannoulis, Nakos Belis, Giorgos Georgiadis, Fotis Sgouros, Gerasimos Grigoratos (Astrapogiannos).
Junto a los líderes militares de origen popular que contribuyeron a su desarrollo y a su capacidad de combate, también sirvieron en el DSE oficiales procedentes del ejército burgués, que se pusieron decididamente del lado de las fuerzas obreras y populares, como: Yannis Malagaris, Giorgos Samaridis (Logothetis), Yannis Kilismanis, Stefanos Papagiannis, Kostas Kanellopoulos, Pavlos Tompoulidis, Nikos Terzoglou (Piravlos), Theodoros Kallinos (Amarbeis), Kostas Basakidis, Christos Stefopoulos, Dimitris Tsitsipis, Theodosis Zervas, Vasilis Venetsanopoulos, Giorgos Kallianesis (Messinis), Yiannis Manias, Dimitris Koukouras, Thimios Zoulas, Giorgos Katemis, Kostas Antonopoulos (Kronos), Alekos Papageorgiou, Giorgos Kontalonis.
Junto a ellos también actuaron miembros de otros mecanismos represivos del Estado burgués que pasaron al bando del movimiento obrero y popular, como los ex oficiales de la Policía de la ciudad Christos Papanastasiou, Stratos Lambrinakos y Giorgis Karakatsanis (Koskinas o Koskinis), el sargento Dimitris Kyknas, el agente Michalis Kostopoulos, el sargento de la Gendarmería Griega Kostas Tolias, mientras que los oficiales de la Policía de la ciudad y de la Gendarmería Yiannis Palavos y Thomas Venetsanopoulos, respectivamente, sufrieron largos procesos judiciales por su acción en las ciudades, al igual que el ex agente de policía Polivios Koutsogiorgas y el agente de la Gendarmería Panagiotis Vazouras.
El acercamiento de oficiales burgueses y otros antiguos miembros de los mecanismos represivos burgueses al movimiento obrero y popular por parte fue, en algunos casos, el resultado del trabajo sistemático de los comunistas en el ejército durante el periodo de entreguerras, que dio sus frutos en el marco de la Resistencia del EAM y de la lucha del ELAS, y después reforzó la lucha del DSE. La heroica acción previa del KKE creó las condiciones para que muchos reclutas del ejército burgués se pasaran a las filas del DSE.
También fue muy importante la contribución de quienes actuaron en las ciudades contra el terrorismo del Estado burgués y para proteger a los luchadores populares, ayudándolos a escapar hacia los campos de batalla.
Entre las decenas de miles de combatientes del DSE también había gente del mundo de las ciencias, las letras y las artes, como los escritores Dimitris Hatzis, Fotis Angoules, Giorgis Sevastikoglou, Takis Adamos, Giorgis Lambrinos, Dimitris Ravanis-Rentis, Mitsos Alexandropoulos, Alexis Parnis, Nikos Kitopoulos, Kostas Pournaras (Bosis), Anthos Filitas (Anthimos Hatzanthimou), Vasilis Pigis, Nikos Papandreou, el historiador Giorgis Zoidis, el director Manos Zacharias, el operador de cámara y fotógrafo Apostolos Mousouris, el fotógrafo Fotis Matsakas, los actores Yiannis Veakis y Antonis Giannidis, los artistas plásticos Giorgos Dimou, Giorgos Goulas, entre otros.
Desde el extranjero, apoyaron al DSE el escultor Memos Makris, la grabadora Zizi Makri, el filólogo Giorgis Athanasiadis, los escritores Elli Alexiou, Melpo Axioti, Theodosis Pieridis, Elli Lambridi, Thrasos Kastanakis y muchos más.
Del lado del DSE estaban, procedentes de todos los ámbitos -como el del exilio, las cárceles, las persecuciones u otros-, el compositor Mikis Theodorakis, varios escritores y poetas, como Yannis Ritsos, Kostas Varnalis, Angelos Sikelianos, Tasos Leivaditis, Themos Kornaros, Kostas Giannopoulos, Nikiforos Vrettakos, Manolis Anagnostakis, Titos Patrikios, Victoria Theodorou, Dido Sotiriou, Andreas Fragias, Michalis Katsaros, Stratis Doukas, Giorgos Kotzioulas, Menelaos Loudemis, Nikos Karouzos, Nikos Kavvadias, Giorgos Valetas, Kostas Kalatzis (de Tesalia), Alki Zei, Galatea Kazantzakis, el grabador A. Tassos, los artistas Giorgis Farsakidis, Giannis Stefanidis, Valias Semertzidis, Vasilis Armaos, Dimitris Gioldasis, Thomas Molos, Christos Daglis, Vasilis Vlasidis, Vaso Katraki, Katerina Chariati-Sismani, el crítico musical Fivos Anogeianakis, el compositor Alekos Xenos, el director de cine Nikos Koundouros, el profesor universitario Yiannis Imvriotis, la pedagoga Rosa Imvrioti, el crítico de arte Markos Avgeris, los historiadores Yannis Kordatos y Dimitris Fotiadis, los actores Manos Katrakis, Aleka Paizi, Tzavalas Karousos, Titos Vandis, Aspasia Papathanasiou, Olimpia Papadouka, Malena Anousaki, María Foka, Argiro Vokovits y Kaiti Dirindaoua, Taygeti, Nikos Fermas, Giorgos Giolasis, Kostas Baladimas, la actriz y escritora Zorz Sari, el letrista Kostas Virvos, el compositor Theodoros Derveniotis y muchos otros.
Además, miles de luchadores, tanto en las cárceles como en los campos de concentración, respondieron al llamado de la época, escribiendo poemas o expresando la lucha del pueblo a través de la pintura y los bocetos. La lucha del DSE inspiró también a poetas extranjeros de renombre mundial, como Nazim Hikmet, Pablo Neruda, Paul Éluard y otros.