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Fidel, la Revolución Cubana y la llamada «vía pacífica»

Contribución de Aris Evangelidis, miembro del CC del KKE, en el 1er Coloquio Internacional “Fidel: Legado y Futuro”
Date:
sept 2, 2026
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La victoria de la Revolución Cubana en 1959, así como la proclamación de su carácter socialista en 1961, con la decisiva contribución de Fidel Castro y los demás revolucionarios, constituye una valiosa fuente de inspiración y de conclusiones atemporales para el movimiento revolucionario internacional.

En primer lugar, la Revolución Cubana, el pensamiento y la acción de Fidel, confirmaron en la práctica una conclusión fundamental. Que la clase obrera, como fuerza dirigente, y las capas populares pobres tienen el derecho y la obligación de aprovechar todas las formas y medios de lucha para acabar con la explotación capitalista y la opresión imperialista, conquistar el poder para construir la nueva sociedad socialista.

La Revolución Cubana triunfó gracias a la lucha armada de los guerrilleros revolucionarios, combinada con la acción clandestina multifacética de otras organizaciones revolucionarias en los centros urbanos. Esta experiencia confirmó las tesis marxistas-leninistas sobre la necesidad de una lucha decidida, en todas sus formas, contra la clase burguesa, tanto nacional como extranjera, confirmó el papel progresista de la violencia revolucionaria y constituye una refutación más de la estrategia de la «transición pacífica» y de la «vía parlamentaria» hacia el socialismo, que nunca se ha confirmado en ningún país.

Muy pronto, Cuba se vio en el punto de mira del imperialismo y defendió con determinación su camino revolucionario y su soberanía a base de armas. Todos sabemos cómo las fuerzas armadas revolucionarias, en la Playa Giron, infligieron una humillante derrota a los mercenarios de EE. UU., con Fidel dirigiendo él mismo los combates desde la primera línea de fuego.                                                                                                

Partiendo de esta valiosa experiencia, Fidel y la dirección cubana comprendieron correctamente el deber internacionalista de apoyar la lucha armada que otros pueblos libraban por su liberación nacional y social. La postura del Partido Comunista de Cuba y de Fidel Castro quedó históricamente justificada. Por el contrario, no se vio justificada la estrategia oportunista que formuló el PCUS, especialmente tras el XX Congreso de 1956, es decir, la «coexistencia pacífica» y la «competencia noble» entre el capitalismo y el socialismo. Fue un periodo en el que, mientras la URSS hablaba de «coexistencia pacífica», las clases burguesas, en colaboración con el imperialismo estadounidense, desataban una oleada de guerras e intervenciones armadas, dictaduras sangrientas y crímenes contra los pueblos de Asia, África y América Latina, e incluso en Europa, como en el caso de Grecia.

Estas lecciones son muy valiosas para la formación estratégica y la preparación de las fuerzas revolucionarias en nuestros días, en los que se agudiza intensamente la contradicción fundamental entre el capital y el trabajo asalariado, y es imprescindible resolverla por la vía revolucionaria, mediante la revolución socialista. 

Cuba prestó un apoyo internacionalista de múltiples formas: mediante el entrenamiento de guerrilleros, suministro de armas y municiones, ayuda económica, documentos de viaje y facilidades para los desplazamientos, así como apoyo ideológico y diplomático a una serie de movimientos, en primer lugar en América Latina, en países como Venezuela, Guatemala, Nicaragua, El Salvador y Colombia.

La contribución de Cuba a la causa de la liberación de los pueblos africanos del yugo colonial, como los de Etiopía, el Congo, Mozambique y Namibia, fue enorme. El caso más emblemático fue el apoyo a la lucha del pueblo de Angola contra las fuerzas reaccionarias locales y el régimen racista del apartheid de Sudáfrica, que contaban con el respaldo de EE. UU., de Israel y de otros Estados capitalistas. Decenas de miles de soldados cubanos prestaron servicio en Angola, y miles de ellos dieron su vida.

Además, Cuba apoyó, con todos los recursos de que disponía, la gran lucha del pueblo vietnamita contra la brutal agresión imperialista de EE. UU., mientras que expresó de forma concreta su solidaridad con la lucha del pueblo palestino y con su derecho a tener su propia patria.

En segundo lugar, el período 1959-1961 fue, objetivamente, una etapa de agudización de la lucha de clases contra los elementos burgueses y reformistas que permanecían en Cuba, con el carácter del nuevo poder y de la nueva economía en juego. La dirección revolucionaria cubana, bajo el liderazgo de Fidel Castro, comprendió que, para poder liberar al país de la influencia de EE. UU., satisfacer las justas reivindicaciones del pueblo y hacer frente a los grandes problemas y privaciones que este sufría, debía dar el paso decisivo hacia la construcción del socialismo, demostrando en la práctica, tras la Gran Revolución Socialista de Octubre, que no existe una etapa intermedia entre el capitalismo y el socialismo, el poder  será proletario o burgués.

Lo anterior, de forma breve y a modo de ejemplo, subraya el valioso legado del pensamiento y la acción de Fidel como líder de la Revolución Cubana. Es una de las razones fundamentales por las que, aún hoy, la figura de Fidel sigue siendo un símbolo de la lucha revolucionaria por el derrocamiento del capitalismo y la construcción del socialismo-comunismo.