Hoy en día, cada vez hay más datos que demuestran que el factor principal que alimenta y agudiza la competencia imperialista y los conflictos a nivel internacional es la caída del poder económico de EE.UU. en relación con el fortalecimiento de China, pero también el agravamiento de las contradicciones entre los Estados miembros de la OTAN y la UE, así como las contradicciones internas de estos. Frente a la alianza euroatlántica se perfila la alianza euroasiática en proceso de formación, que tiene como potencias principales China, que tiende a conquistar el primer puesto en el mercado capitalista mundial, y Rusia, que sigue siendo la segunda potencia militar más fuerte. Otros Estados capitalistas emergentes, como la India o Turquía, se mueven entre los dos centros imperialistas.
Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial Imperialista, estamos tan cerca de una Tercera Guerra Mundial Imperialista. Esta observación se deriva también del hecho de que las potencias imperialistas, los polos imperialistas rivales, se están preparando intensamente, de forma similar a como lo hicieron en el período de entreguerras. Por supuesto, la forma y los frentes que se formarán en el camino se reflejarán mejor en su evolución. La lucha por conquistar la cima de la pirámide imperialista es implacable. Se manifiesta en un campo de confrontación en constante expansión en sectores de importancia estratégica de la economía, las inversiones extranjeras directas y las exportaciones de capital en otra forma, las alianzas y apoyos políticos-estratégicos, los equipos militares, las tierras raras, la inteligencia artificial y, en general, la superioridad tecnológica, las cadenas de suministro, los puertos, la industria naval, el transporte marítimo y otros sectores. Loa movimientos estratégicos de EE.UU., China y Rusia provocan cambios en el mapa mundial, alimentan la intensificación de la competencia y las guerras imperialistas.
En toda alianza imperialista se manifiestan contradicciones provocadas por el desarrollo capitalista desigual y las relaciones desiguales entre los Estados capitalistas. El agravamiento de las contradicciones interimperialistas puede ampliar las grietas existentes en el eje euroatlántico en los próximos años. Ya se registran graves diferencias en relación con la postura frente a la guerra en Ucrania, los aranceles comerciales, la “transición verde” y las relaciones con Rusia. Las divergencias también se reflejan en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos (en relación con los compromisos de cooperación militar y política, la gestión de los migrantes, etc.) y en las declaraciones sobre el futuro de Groenlandia. Del mismo modo, en las filas de las fuerzas burguesas de Rusia se vislumbra últimamente un conflicto entre quienes buscan un compromiso temporal con EE.UU. y quienes persiguen el fortalecimiento y la profundización de las relaciones del Estado capitalista con otros Estados del bloque imperialista euroasiático en formación. En cualquier caso, los compromisos son temporales y las rivalidades son permanentes en el sistema imperialista internacional.
Las alianzas pueden cambiar, reorganizarse, pero el elemento básico que determina su carácter de clase y, por lo tanto, la esencia de la alianza euroatlántica y la alianza euroasiática en formación es la base económica de los Estados capitalistas que las componen, es decir, el dominio de los monopolios y sus intereses. Por lo tanto, el dilema “campo euroatlántico o euroasiático” es falso, va en contra de los intereses de la clase obrera y de los pueblos, y socava su lucha ideológica y política independiente por el derrocamiento del capitalismo y por el socialismo-comunismo.
La Rusia capitalista actual es producto de la contrarrevolución, un Estado capitalista poderoso, con importantes monopolios militares, energéticos, mineros y de otros sectores clave, la segunda potencia militar con sus propios planes. Es portadora del anticomunismo y el antisovietismo, difama el socialismo y se apropia de los logros de la Revolución Socialista de Octubre y del papel decisivo de la Unión Soviética en la victoria antifascista de los pueblos durante la Segunda Guerra Mundial Imperialista, tratando de manipular no solo al pueblo ruso, sino también a los partidos comunistas y a otros Estados.
China es hoy un ejemplo de restauración capitalista dirigida por un Partido “Comunista”, que ejerce el poder capitalista siguiendo la conocida “economía mixta”, es decir, con una amplia propiedad estatal, lo que no ha reducido en absoluto la desigualdad social y la explotación de clase, como ocurre en todo el mundo capitalista. Otros elementos característicos del desarrollo capitalista en China son la enorme rentabilidad de los gigantes monopolísticos, la exportación de capital y la expansión de sus grupos económicos capitalistas en Asia, África, América Latina y en todo el mundo.
Por lo tanto, es necesario intensificar la lucha ideológica y política con respecto al carácter imperialista de EE.UU., la OTAN y la UE, y, al mismo tiempo, fortalecer el frente contra los pretextos del otro lado de la guerra imperialista, para que el movimiento obrero y popular no vaya a remolque de los planes de otras potencias capitalistas. El movimiento revolucionario tiene, al mismo tiempo, la tarea de aprovechar las contradicciones entre los Estados capitalistas y sus diversas alianzas, de crear fisuras en beneficio de la lucha obrera y popular y de la lucha por el derrocamiento del capitalismo y la construcción del socialismo.
(El texto anterior es un extracto del Informe del Comité Central del KKE en el 22º Congreso, aprobado por unanimidad por los delegados).