El Comité Central del KKE organizó el 6 de abril de 2026 un acto bajo el lema “Ningún sacrificio para sus beneficios y sus guerras”.
Una multitud asistió al acto; personas que han unido fuerzas con el KKE en los últimos años en las luchas de nuestro pueblo contra la guerra imperialista, la implicación del país, en la lucha diaria para que el pueblo no pague las cargas y las consecuencias de sus guerras. Junto con los comunistas, han librado batallas en todos los centros de trabajo y sectores, para que se oiga alto y claro: “Fuera Grecia de la guerra, no pagaremos el precio”. Se trata de personas que han trabado codo con codo con los y las comunistas en todos los sindicatos obreros y organizaciones del movimiento popular, para organizar la lucha y defender los derechos e intereses de nuestro pueblo y no los de los explotadores que hoy se presentan como “intereses nacionales”.
Dimitris Koutsoumpas, Secretario General del Comité Central del KKE, al presentar las posiciones del KKE criticó duramente al gobierno de la ND por su política exterior e interior que sigue, apoyada por otras fuerzas políticas a pesar de sus críticas de oposición que carecen de esencia.
En el acto intervinieron varias personas de la vida social que han unido fuerzas con el KKE, y se leyeron mensajes de saludo enviados especialmente para este acto por el partido Tudeh (Irán), el Partido Comunista de Israel y el Partido Comunista de Turquía.
A continuación publicamos un extracto del discurso de D. Koutsoumpas, relativo a los acontecimientos internacionales:
“Las declaraciones contradictorias que escuchamos a diario sobre el desarrollo de la guerra no reflejan principalmente el carácter inestable y desequilibrado del presidente de EE.UU., Trump, ni la “falta de un plan”, como dicen algunos analistas. Simplemente delatan las grandes dificultades a las que se enfrentan EE.UU., Israel y sus aliados, que no han logrado alcanzar ni uno solo de sus objetivos declarados.
El desarrollo de esta guerra demuestra también que no son invulnerables ni todopoderosos como quieren presentarse, con el fin de sembrar el pánico y el miedo entre los pueblos.
De todos modos, la guerra imperialista no es una demostración de poder de los imperialistas, sino, ante todo, una prueba de su debilidad e impasses. Es una situación que los debilita. En determinadas condiciones, puede generar inestabilidad en su poder. Crea las condiciones para que los pueblos salgan a la palestra, pongan a prueba su fuerza e impongan sus reclamaciones justas.
A la pregunta de muchas personas “¿Qué podemos hacer ante todo esto?”, “¿Qué hay que hacer para desarrollar hoy un movimiento vigoroso contra la guerra?”, respondemos que la condición básica para ello es tomar plena conciencia de que la matriz de la guerra es precisamente el propio sistema de explotación capitalista.
“La guerra es la continuación de la política por otros medios”, como reza la clásica frase de Clausewitz. Por consiguiente, ningún supuesto “retorno a la política y la diplomacia, al derecho internacional como forma de resolver las diferencias”, como afirman ciertas fuerzas que hablan incluso en nombre de un movimiento pacifista y antibélico, nos librará de las guerras imperialistas.
Porque, precisamente, la guerra no es una desviación de la “normalidad” capitalista, sino una forma de existencia de este sistema explotador. Es una extensión a nivel internacional de la explotación capitalista en los centros de trabajo y de la competencia entre los grupos monopolísticos. Por eso, la crítica y la acción contra la guerra no pueden limitarse a si se respeta o no el derecho internacional, que se configuró en condiciones totalmente diferentes y que los imperialistas han convertido en papel mojado, incluso mucho antes de Trump.
EN cualquier caso, la guerra imperialista es injusta y se dirige contra los pueblos, incluso si se lleva a cabo bajo el manto de alguna coalición internacional o si ha sido precedida por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, como ha ocurrido en el pasado.
Un movimiento antibélico y antiimperialista fuerte es lo que se enfrenta a todos los centros y alianzas imperialistas y, ante todo, por supuesto, a aquellos centros y alianzas en los que participa la propia clase dominante de cada país.
Aprovechar las contradicciones entre ellos en beneficio de la clase obrera supone, ante todo, que el objetivo estratégico sea claro: derrocar la barbarie capitalista en nuestro país, pero además tener clara la causa que da lugar a esas contradicciones, para que el movimiento no opte por uno u otro.
En este sentido, las fuerzas políticas y los partidos que alimentan la falsa esperanza de que pueda existir un supuesto “papel pacífico de las bases y de la OTAN” no prestan ningún buen servicio.
Tampoco prestan un buen servicio a los intereses del pueblo griego aquellos partidos que critican a la UE con argumentos como que supuestamente “ha dormido” y “está ausente” o, por el contrario, la presentan como un contrapeso serio a la agresividad de EE.UU., cuando, precisamente, se está armando hasta los dientes, está transformando su economía en una economía de guerra, echa leña al fuego de una guerra injusta que lleva cuatro años arrasando Ucrania y refuerza su poderío militar en el mar Rojo y en el Cuerno de África.
Las grandes contradicciones que se manifiestan hoy entre EE.UU. y la UE no tienen, por supuesto, nada que ver con una política pacifista de esta última o de algunos de sus gobiernos. Tienen que ver con los intereses particulares de los monopolios europeos, que se ven aplastados en la competencia entre EE.UU. y China.
Lo mismo aplica, por supuesto, para las fuerzas que reconocen un supuesto papel antifascista, antiimperialista en la Rusia de Putin, que ha surgido del derrocamiento del socialismo y la destrucción de las conquistas del pueblo soviético, o que miran hacia la China de los multimillonarios, que hoy aspira a ocupar el primer puesto en el capitalismo internacional.
La propia clase obrera, el pueblo, tienen el poder de ponerlo todo patas arriba. Unas pocas muestras de esta fuerza inagotable han quedado de manifiesto en el último período con las grandes manifestaciones en Grecia, EE.UU., y Gran Bretaña contra la guerra; las concentraciones de solidaridad con los pueblos de Palestina y Cuba, pero también otras formas de lucha, quizá aún más avanzadas, como la postura de los marineros, que tiraron a la cara de los armadores las “sentencias de muerte” que les habían dado para firmar y enviarlos a la boca del lobo. O la huelga coordinada de los trabajadores portuarios en veinte puertos del Mediterráneo con el lema “No trabajamos para su guerra”; la orgullosa postura de nuestros soldados conscriptos que alzan la voz en los cuarteles y en las movilizaciones del pueblo contra la participación del país en la guerra; las movilizaciones de los estudiantes que han cancelado los seminarios bélicos de la OTAN en sus facultades… Debemos continuar en esta dirección, para que la chispa de hoy se convierta en fuego.
Ahí vamos a dirigir todas nuestras fuerzas, con el lema “Ningún sacrificio para su guerra ni para sus beneficios”.
Es revelador que incluso en las encuestas de este período se refleje claramente la oposición de nuestro pueblo al envío de fuerzas armadas griegas fuera de las fronteras, en misiones euroatlánticas que ponen al país en peligro, así como una gran preocupación por el hecho de que las bases militares de EE.UU. en Grecia puedan convertirse en blanco de ataques y represalias.
Ahora se destaca con claridad un sector dinámico dentro de la clase obrera y nuestro pueblo, que valora positivamente la actuación y la postura de nuestro Partido frente a la guerra imperialista y que se opone a la implicación de nuestro país en ella. Esto demuestra que hay resistencias a la política del gobierno, al frenesí bélico y nacionalista, y a la propaganda bélica”.



